M: ¿Terminaste los deberes?
_: Si...
M: Bien, pues coje la correa y ve a pasear a Nilo.
_: Mamá no tengo ganas.
M: ¿Quién fue la que quería el perro y la que dijo que se iba a encargar de él?
_: Yo pero...
M: Nada de peros. Ya sabes dónde está la correa.
Suspiré y fui a mi habitación a cambiarme. Me quité la camiseta de estar por casa y me quedé en sujetador buscando alguna camiseta en mi armario. No me di cuenta de que la persiana estaba subida y que mi vecino se asomó.
X: Si no quieres que los vecinos te vean... Baja la persiana.
Me giré a la ventana y lo vi a él, mirándome con una sonrisa juguetona. Me puse rojísima y me tapé con una de las camisetas que había encima de la cama.
_: ¡¿Qué hacías mirándome?!
X: Es lógico, todos los días no se ve a una chica en sujetador delante tuya.
_: Eres un guarro.
X: No soy un guarro, soy un chico.
_: Tienes razón, pero aún así no deberías haberme mirado.
X: está bien... Perdón. Nos vemos mañana.
_: Adiós.-Dije bajando la persiana.
Negué con la cabeza y sonreí, no sabía por qué lo hice, pero sonreí. Terminé de prepararme, cogí la correa y amarré a Nilo.
Fui a la plaza y allí habían muchos chicos paseando a sus perros. Uno de los chicos se me acercó, pero no pude reconocerlo porque con la claridad del sol no veía mucho.
X: Hola.
_: ¡Liam! Cuánto tiempo.-Dije abrazándolo.
Liam era uno de mis mejores amigos desde la infancia, junto a Louis, Niall y Zayn. Si, era la única chica.Li: qué raro que estés paseando a Nilo. Hola chiquitín.-Dijo arrodillándose y acariciando al perro.
_: Mi madre me obligó. ¿Dónde está Loki?
Li: Está en casa. Lo paseé antes.
_: Ah, vale. Hace mucho que no lo veo.
Li: Ya lo verás. ¿Vamos a mi casa? Allí están los chicos.
_: Vale. Pero antes tengo que dejar a Nilo y avisar a mi madre.
Li: Da igual, así está con Loki. Mándale un mensaje y ya está.
_: Vale.-Le mandé un mansaje a mi madre diciendo que iba a ir con Liam a su casa y me llevaba al perro.- ¿Y por qué los chicos están en tu casa y tú estás en la calle?
Li: Porque fui a comprar algo de comer.-Me dijo enseñándome una bolsa.
Empezamos a caminar hasta llegar a su casa. Por el camino no parábamos de reír.
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